ARISTEGUI, REPORTAJE DE LA CASA BLANCA Y SUS IMPLICACIONES
UN ARTICULO DE RIVA PALACIO EN EJE CENTRAL DA DETALLES DE ESTOS ACONTECIMIENTOS DE MARZO 2015.
ATTE.
dr. kantu
ATTE.
dr. kantu
Todo comenzó el
miércoles como empiezan las guerras, por un asunto menor que explota por la
acumulación de tensiones. MVS publicó un desplegado en los periódicos para
deslindarse de la nueva plataforma de periodismo de investigación MexicoLeaks,
porque su nombre figuraba entre los fundadores. “El uso de nuestra
marca, sin autorización expresa de sus propietarios, constituye no sólo un
agravio y una ofensa, sino un engaño a la sociedad, pues implica un muy
lamentable abuso de confianza”, decía el desplegado incendiario y provocador.
Su conductora estelar, Carmen Aristegui, mordió el anzuelo.
El origen del
conflicto era una de esas faltas de comunicación que se da todos los días entre
patrones y periodistas. Dos miembros de su equipo sumaron a
MVS a la alianza de medios alternativos que lanzaron el martes MexicoLeaks,
sin pedir autorización. Nada grave. Lo que hicieron los reporteros Daniel
Lizárraga e Irving Huerta es lo que hacen decenas de veces los periodistas ante
las restricciones presupuestales y la estrechez de miras para generar
contenidos: buscar alianzas de trabajo sin costo para lograr información de
calidad.
MexicoLeaks
retoma con tecnología lo que antes se hacía artesanalmente. En los 80’s el
semanario satírico Le Canard enchaîné tenía en la
puerta de sus oficinas en París un buzón donde se dejaban pistas para
investigación en forma anónima que sus editores procesaban y corroboraban. Por
años han llegado documentos, pistas, rumores y calumnias anónimos a las
redacciones. MexicoLeaks, cuyo nombre toman sus fundadores quizás por la
inspiración en Julian Assange y Edward Snowden que la generación anterior tuvo
en Bob Woodward, Carl Bernestein y Watergate, asume el mismo objetivo para hacer lo que el
periodismo debe ser: contrapeso de los poderosos, guardianes contra sus abusos.
Si bien hubo un error editorial al no consultar con
MVS la utilización de su nombre y la empresa reaccionó con fuego, Aristegui lo
hizo lo mismo. Cuestionó el desplegado, sus motivaciones, su posible interés
extra empresarial y político, y emplazó al dueños a darle una explicación. Los
dueños no tienen que dar explicaciones a sus empleados, aunque se llamen Carmen
Aristegui, pero ninguno de los dos estaba en la lógica del entendimiento. Hay
que entender el subtexto circunstancial.
Joaquín Vargas,
jefe de la empresa, está vinculado al senador Emilio Gamboa, con fuerte
ascendencia en Los Pinos, quien impulsó a Eduardo Sánchez, ex abogado de MVS y
hoy es director de Comunicación Social de la Presidencia. Su consejero Felipe
Chao es hermano de Andrés, subsecretario de Gobernación para Normatividad
–publicidad entre ello- y ex subalterno de Sánchez. Se puede alegar que el
enfrentamiento de Aristegui no era con Vargas, sino contra quienes cree, por lo
que dijo, lo mueven como títere.
La astuta
Aristegui no la vio venir. MVS se le fue con toda la fuerza y en lugar de usar
esa energía para esquivarlos, como en el Jiu-jitso, se confrontó. Una disculpa
por la falta de comunicación y 30 segundos de amarrarse el hígado por lo
agresivo del desplegado, y el asunto habría quedado resuelto sin abrir sus
flancos. Pero su sangre está muy caliente. Como otros periodistas en este
sexenio, ha sido sometida a espionaje político con amenazas implícitas a su
seguridad, y desde que difundió la investigación originada y realizada por
Rafael Cabrera sobre la casa blanca, dejaron de autorizarle
entrevistas en Los Pinos con un gabinete que, previamente, desfilaba gustoso
ante sus micrófonos.
La revelación de
la casa blanca fue el punto de quiebre de ella con el gobierno
y de la empresa con ella, aunque objetivamente hablando, es uno de los golpes
periodísticos más importantes en la vida de esta incipiente democracia, al
exhibir los usos y costumbres del viejo sistema político y provocar, al dejar
al descubierto un conflicto de interés que involucra al presidente de la República,
la construcción de un sistema más abierto donde la transparencia rija la
conducta pública de los gobernantes. Paradójicamente este reportaje, cuya
reacción es como un huevo de la serpiente -la
tentación dictatorial en las metáforas artísticas de Shakespeare y Bergman-
comenzó cuando la primera dama abrió su casa a la revista ¡Hola! en
2013. La familia Vargas, en cambio, achaca a ese trabajo que el Instituto
Federal de Telecomunicaciones le negara en noviembre el permiso para difundir
televisión abierta por el canal 52.
“Joaquín Vargas
ya no la aguanta”, confió un cercano a él. Su relación con ella, ciertamente,
ha sido difícil en seis años de matrimonio. En 2011 la despidió por
“transgredir” el código de ética de la empresa al difundir el supuesto
alcoholismo del presidente Felipe Calderón, al entrevistar al lópezobradorista
Gerardo Fernández Noroña, que fue quien lo ventiló. Vargas reculó y recontrató
a Aristegui sin explicar en dónde se torció el código de ética de MVS. Al año
siguiente, luego que el gobierno federal le quitó la Banda de 2.5 Ghs, se peleó
con Los Pinos y reveló que despidió a Aristegui por presiones del gobierno de
Calderón. Quedó clara la dialéctica de aplacar al comunicador cuando conviene a
sus intereses, y darle oxígeno cuando sus intereses están en riesgo. La familia
Vargas, como los barones de la prensa, no defienden la libertad de prensa, sino
la libertad de empresa. Tampoco es algo para sorprenderse.
Aristegui
recurre a métodos a veces cuestionables, y no reconoce sus errores. Sin
embargo, es congruente y consistente. Se enfrentó a Vargas desafiándolo a que
rectificara, bajo el supuesto de que hablaba entre iguales, o sea, entre
propietarios. Vargas le dobló la apuesta al despedir a sus colaboradores y la
orilló, por su postura al aire, a una solución terminal. La tienen en el
terreno empresarial que oculta toda motivación política, si es que hay. Pero no
la despidieron la semana pasada y decidieron pagar el costo al anunciar el
domingo por la noche que al no aceptar el ultimátum que le había dado de su
permanencia en la radio a cambio de que reculara, rescindían su contrato, tomándole la palabra.
Su voz, disruptiva, incesante y temeraria, es una necesidad en momentos en los que el realineamiento oficialista es una tendencia en los medios. Aristegui no debía salir, pero ya no tuvo tiempo de evadir de la trampa. Lo podía haber hecho este lunes al dar marcha atrás a sus condicionamientos del viernes. Pero ya no lo le dejaron la ventana de oportunidad. MVS asumió el costo, y faltará ver si en esta ocasión, mantiene su decisión.
Su voz, disruptiva, incesante y temeraria, es una necesidad en momentos en los que el realineamiento oficialista es una tendencia en los medios. Aristegui no debía salir, pero ya no tuvo tiempo de evadir de la trampa. Lo podía haber hecho este lunes al dar marcha atrás a sus condicionamientos del viernes. Pero ya no lo le dejaron la ventana de oportunidad. MVS asumió el costo, y faltará ver si en esta ocasión, mantiene su decisión.
Twitter: @rivapa
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